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viernes, 10 de marzo de 2017

En el Recuerdo... Un Viernes Santo para olvidar. Julio Gómez

Foto: Fco.Granado
Julio Gómez. Esta Semana Santa pasada, la del año 2012, era una Semana Santa esperada, como tantas otras, deseada y soñada, como ninguna otra…. el Miércoles Santo pude hacer realidad un sueño y gracias a un amigo de la familia puede ser costalero de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna  de la Hermandad de los Aceituneros de mi segundo pueblo, Utrera, pueblo de mi padre, hermandad en la que mi padre salía de nazareno, con toda la carga emocional que eso conlleva. ¿Te acuerdas Hermano José Luis el mensaje que me enviaste? Cuánta razón llevabas con tus palabras, te puedo asegurar, que hacía mucho tiempo que no estaba tan cerca de mi Padre.
Pero toda esa alegría interior, confort, satisfacción de una promesa cumplida  se transformó en una  pesadilla, eso quería pensar yo que era una pesadilla, un mal sueño, pero era una realidad, era la vida misma.
Todo se truncó el Jueves Santo, lluvia, frio, tormenta,….otro Cristo atado  a la  columna, nuestro  Cristo de la Misericordia, no hace estación de penitencia y  pasadas las 19:30 del Jueves Santo… accidente de tráfico: mi familia y mi amigo Agustín, ……más frio, más lluvia, hospital, desconcierto, mucho desconcierto.
Esa  noche ningunee el accidente, los daños sufridos, las consecuencias  y  mi única obsesión era el poder acostarme, acostarme y descansar, que amaneciera soleado, que me acercara a ver a Jesús como todos los años, que no me doliera nada, porque aunque todos me preguntaba que si me dolía algo, yo negaba, negaba…no quería que fuese realidad, quería que amaneciera el Viernes Santo. Esa noche no fue una noche normal, yo quería dormir y despertar y  hacer la estación de penitencia bajo las benditas trabajaderas de nuestra Madre de San Roque. Esa noche no se repetía el sueño, que mas de un compañero de trabajadera tiene: llegar tarde a la iglesia, se le olvida el costal o la papeleta de sitio para poder acceder al ex Convento,…esa noche mi único sueño era que el dolor del costado desapareciera, porque yo tenía un compromiso, una obligación, una promesa, un deber… llevar a mi Virgen de San Roque.

La mañana  llega, pero la realidad se hace palpable (y todavía no sabía el alcance de mi lesión), el dolor era aún más fuerte, el físico y el dolor  de los sentimientos, cómo expresarlo, cómo hacer frente a una realidad: estaba muy mal y no podía hacer estación de penitencia. Y tuve que tomar la decisión, más importante y dura hasta ahora tomada por mí, como costalero, cómo decirle a mi bendita Madre que no podía estar allí, cómo no verla ni siquiera el Viernes Santo, cómo dar mi brazo a torcer y decirle a mi mujer que llamara a mi Capataz (Antonio Bueno) y que le informara que este año no contara conmigo, el dolor físico desapareció, el alma se arrugó y el corazón se ralentizó,…..qué se puede sentir en esos momentos, tus sueños rotos, lágrimas que no brotan, recuerdo del esperpento vivido, mi hija llorando y con las manos entrelazadas rezando en la  ventana mientras veía llover y decía:”La Virgen no sale papi, de verdad”
La noticia se extiende empiezan las llamadas a mi móvil, primero mi Capataz Antonio Bueno (teníamos que hablar, tenía que darme ánimos) compañeros de trabajadera, Manuel Márquez, y tantos otros fueron los primeros mensajes de apoyo y comienzan mi derrumbamiento, ¿qué haré cuando no pueda estar de verdad en ese palo? ¿Cómo expresar que llegará un tiempo que yo no esté ahí? ¿Qué sentiré cuando esta fecha se acerca?

Como un año más se repite el mensaje de “buena estación de penitencia” de mi Hermano Miguel López….cómo responder a ese mensaje, cómo decir a un Hermano que no me puedo mover, cómo hablar con mi Compadre, Francisco Granados, el corazón no me dejaba articular palabras Mi mente solo pensaba que mi tiempo soñado después de todo un año no iba a llegar, estoy mal, muy mal que los sentimientos afloran y se hacen incontrolables, la emoción me invadía, y mi mujer se hace portadora de malas noticias y fue cuando empezó a correr la noticia:” Julio ha tenido un accidente y no se mete”
Las llamadas, los mensajes, amigos,  compañeros, conocidos, los teléfonos no dejan de sonar….mi interior grita:”que paren”,  no puedo hablar, no puedo más, , y este apoyo me hacía más fuerte y a la vez me derrumbaba más, al saber que no podría, realizar estación de penitencia y disfrutar de mi gente debajo de nuestra señora de San Roque.
Después de la tempestad llega la relativa calma y sobre las 22:00  un amigo de la Banda Municipal Alberto Rienda, me informa que  la Hermandad estaba en la calle, no puedo explicar lo que en ese momento recorrió todo mi cuerpo y mi mente, era una sensación de estar contento por mi Hermandad y mis compañeros  , pero por otro lado una espada fría me atravesó de nuevo: yo no podía estar allí, yo no estaba con ellos, con todos y cada uno de ellos, desde el primer nazareno hasta el último costalero de la Hermandad, en esos momentos incluso llegué a pensar de una forma tan ruin y egoísta:¿ Por qué tenía que salir la Hermandad a la calle si yo no podía?, una mezcla de rabia, impotencia, dolor …me invadía, Y la tempestad interior comienza de nuevo, mi hermano Leo me detalla con unas palabras desgarradoras cómo mi hija mira a su Bendita Virgen junto a sus padrinos, este año mi hija no encontraría la mano de su padre agarrada al zanco y yo no escucharía sus palabras alentadoras:”Papi ,¿vas bien?”.
¿Cómo se  expresan con palabras el dolor del alma?....la tempestad se agrava cuando “La Hermandad se vuelve tras sus pasos por causa del tiempo”, mi tristeza se agranda, ya no por mí, sino por todos mis compañeros: cuántas veces se cuentan los días para que llegue el día marcado en el calendario, cuántos ensayos, cuántos sacrificios, cuánta ilusión…….y todo se derrumba.
La luz del Domingo de Resurrección llega, pero no llega como luz renovadora, llega para hacerme ver la realidad que llevaba dos días negando, y en lugar de estar junto a mis Amados Titulares, me encuentro en una habitación fría de hospital, con una valoración grave por parte de los médicos: ¿cómo he soportado tanto dolor? ¿Cómo se puede negar tantas veces la realidad? ¿Por qué este año? (que podía ser el último) y entonces empecé a ser consciente de todo. ¿Qué fuerza tan poderosa es la que nos lleva a actuar de esta forma? …….podríamos llamarla fe.
Solo me queda agradecer a todos mis hermanos en Cristo (Capataces, Costaleros y Nazarenos), y digo bien, todos mis hermanos, porque me consta que tanto la cuadrilla del Cristo Yacente como la cuadrilla del Palio de San Roque pidieron por mí y por mi familia.
Gracias a mis amigos, amigos de verdad, esos que al enterarse de la mala noticia rezaron a sus titulares, a los que me acompañaron en casa y en el hospital e incluso hubo amigos que se marcharon a su casa a dejar a su compañera inseparable de Semana Santa, con lo que eso supone, esa que algunas veces refleja la vida, ¿verdad Francisco Granado? Y por supuesto a mi mujer y mi hija, que lo pasaron peor que yo en esos días.

2 comentarios:

  1. Hermano,impresionante tus palabras,eso es hablar con el Corazon,por eso te quiero tanto.
    Pero este año La Señora de Arahal saldrá por que sabe que lleva a su hijo Julio en el zanco entregandolo todo por ella y los sullos.
    Un abrazo.

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  2. Buen artículo. Escribir, no sé si los has escrito, jajajaja, pero lo que es indudable es que hablan los sentimientos; y cuando van unidos a la fe, todo se hace mucho más fácil. Me alegro haberte conocido y que nuestra amistad perdure en el tiempo.

    Un fuerte abrazo, a ti, a tu familia y a todos los tuyos.

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